Diálogos de responsabilidad social; ¿Qué estamos haciendo por la Universidad Grancolombiana?

Andrés Alfaro V

 

Zi estaz palavras te zirven para no aogarte, respiralas zin kriticarlas

Alejandro Jodorosky

En la búsqueda honesta de reflexionar ¿Cómo cambiar la educación para que cambie el mundo? y ¿Qué  nos hace Gran Colombianos? Sin buscar ser reconocidos por votaciones o por algún programa de un canal como History. Me referiré desde la responsabilidad social universitaria como factor de discusión e importancia respecto al cambio educativo.

En estos tiempos coyunturales en los que se ha generado un poco más de conciencia sobre los desmadres de la educación, sobre sus falencias, los estudiantes netamente implicados en sus procesos de restructuración y democratización siguen la línea de la indiferencia. Resuenan preguntas en cráneos vacios sobre el discurso que tenemos frente a nuestra universidad y la relación respecto del modelo de educación nacional, la manera de apropiarnos de las herramientas que da un claustro, el papel pasivo que hemos tomado como estudiantes y la irresponsable falta de esfuerzo por el pundonor y la calidad educativa que nos estamos brindando.

El concepto de “lo social” no está resuelto en todos los casos. No es fácil entender ¿qué es? y ¿que no es?, es un saco sin fondo, discutible pero adaptable. Por ejemplo; la responsabilidad social universitaria, puede ser un suspiro de un día, una limosna, un logro, un premio, lo virtual, un convenio, una información, un proyecto, una beca, etc. Está inherente a un tema sin nombre en nuestras sociedades pobres, carentes y excluidas.

Por ello comparar es un grave error, la universidad es única y se mueve bajo parámetros como lo denominaron los romanos, “mores maiorum: costumbre en el tiempo”. Así pues, muchas características son entendidas como responsabilidad social universitaria arbitrariamente. Organizar en la universidad los parámetros para entender los conceptos o marcos de referencia y lo que está contenido dentro de ellos es una labor mastodóntica, son extensas las maneras como puede ser entendido lo “social”. Pero más allá de ver en ello un problema existe un tema un tanto más complejo.

Con seguridad la mayoría de dichos problemas no solo radican en las universidades ni en sus profesores, ni en sus directivos. El problema real vive en nosotros, que indulgentes nos enfrentamos insensiblemente, frente a lo que realmente queremos de nuestro espacio, en nuestro tiempo. En nosotros estudiantes sin vergüenzas, de no sobrepasar el poder de la nota, de no proponer e ir más allá de lo exigido, de pasar rápido y sin esfuerzo, no somos capaces de empoderarnos y aterrizar los conceptos que aprendemos a diario, no somos consientes del poder de la educación, de los aportes reales para cambiar esta sociedad arribista, clasista, de ilegalidad y corrupción. Pero sabrá San Cucaracho en las dulces poesías de Lorca, la sed con la que vive el otro, “el hambre es un demonio al que hay que alejar” un hambre de egoísmo, de pereza, de ineptitud, de la cultura de la mafia y el confort. Creo que Estanislao Zuleta alma bendita se retuerce pensando que el papel del estudiante en la academia, cada vez se parece más a una sala de belleza en las plazoletas, haciendo elogio a la facilidad y al esmalte de butilo. ¿Qué sacamos con ello?, si el estudiante solo se queja de sí mismo y donde estudia, no conozco universidad donde los estudiantes no endilgan improperios hacia ella. Pero nos hace falta vernos a nosotros mismos, ¿Cómo desarrollar mayor importancia al estudio autodidacta y no a repetir formulas de memoria y presentar un trabajo por requisito? ¿Cómo aprender por amor y no por obligación teniendo que recurrir a trampas? ¿Cómo aportarle a nuestra sociedad en guerra caminos para la paz, para la igualdad, para la inclusión? ¿Cómo intervenir nuestro entorno bajo nuestros libres y propios pensamientos? ¿Cómo encontrar una Universidad que valore este emprendimiento por ponerlo en palabras de la sociedad mercaderista? ¿cómo preocuparnos por problemas reales y menos chismes de pasillo?

No solo es la responsabilidad de la educación escolar pues a esta hay que tenerle miedo y a la vez estarle agradecido, porque si vamos por la calle con los brazos abiertos y despistados muy fácilmente nos pueden meter un cartón bajo el brazo y graduarnos. Las escuelas dice Claudio Naranjo; en vez de desarrollar actitudes de atención, habilidad y afecto, empujados por nuestra neurosis colectiva, se ha creado la “educación control”, nos movemos en espacios de razón y egos de sabios que no permiten que se les llame Numerium Negidium o Pepito Pérez sino Doctor. ¿Cómo es el proceso para  crear las escuelas para desaprender?; con estos no se trata de promover una invitación anarquista para destruir las instituciones, sino, democratizarlas  con nuestro propio proceso. No se pretende desacreditar a nadie, pero no vivimos en un país de cucaíta; los problemas son oportunidades para empezar. La academia no se puede desprender de la espiritualidad dicen los mamos de la sierra. Nuestra espiritualidad se ha manchado por la razón, se ha olvidado buscar la individualidad activa del ser humano, el apoyo en su proceso personal, el apoyo sin pensar en cifras que aglutinan y utilizan el mercadeo para alejarnos, el aprender es una cuestión de placer. Y nosotros estudiantes llamados a que los proyectos de aula no queden mediocres en bases de datos, que nuestro tiempo se destine a construir la universidad que soñamos, el país que queremos, allí donde encontramos las herramientas de un aprendizaje que puede transformar, tan real como nosotros lo propongamos, sin lugar a duda, puede ser nuestra puerta de entrada a espacios de discusión política. Verbigracia, por los años 1961 los gobiernos de EEUU optaron por teorías de ingresos sociales para sociedades desempleadas. Las universidades realizaron estrategias de reducción de pagos en matriculas para los jóvenes que en ultramar se quedaban brindando una labor social, Economistas como Rifkin atendiendo a las lógicas de persuadir su ámbito universitario al laboral construyeron un plan y entendieron que debían salir sin miedos de intelectual a ver no desde la ventana sino desde el mundo real que mueve nuestra sociedad, y se demostraron que muchos valores están al revés que vivimos acelerados en la cultura del ya. Hace poco le pregunté a un señor que iba corriendo, ¿Para donde va? Y me respondió no sé, pero permiso que voy de afán. Cortázar ya nos preparaba para estos cambios de irrealidad, nos veía despertando como indígenas y volando como moscas al revés.

Las propuestas sociales y educativas no es dar limosnas; nadie es lo suficientemente pobre para eso dice Saratrustra. Se trata de vernos como seres empoderados llenos de diferencias y búsquedas. Un profesor planteaba que esas búsquedas ya son un encuentro, deben existir miles de proyectos en pro de la educación que queremos, diseñando políticas para enmarcar la responsabilidad social bajo lineamientos estructurados, no solo de las facultades sino del vecino, del amigo, de la cotidianidad, de las lógicas de extrema, de ver al lado, Foucault ya decía que “los intelectuales han descubierto que las masas no los necesitan para saber; ellas saben perfectamente, claramente, mucho mejor que ellos; y además lo dicen muy bien, sin embargo existe un sistema de poder que intercepta, prohíbe e invalida ese discurso y ese saber”. Estamos llamados a no olvidarnos de la experiencia, de la voz, de la palabra, de la transversalidad, de la locura, de aquella locura descrita por William Ospina en su visión de Bolívar, o sobre la educación como una lámpara maravillosa que nos da cuenta de olvidar un camino de inacción, o  en los relatos de la locosofía francesa, o en la multiplicidad de actos y no la reliquia de un solo oficio según Da Vinci, en los palabras certeras de Fernando Vallejo donde no existen servidores públicos frente a la educación sino aprovechadores públicos, o en el ímpetu de Yan Zabor y la batalla por mejorar la naturaleza. La naturaleza humana.

La información no se hace esperar, hoy en día tenemos a la mano el mundo globalizado, es tan valido vivir con anarco-primitivistas salidos de surplus y otro con una sexdoll. ¡Dime que no volviste a leer de tus apuntes de universidad y te diré que has olvidado!. Todo. Todo. Acá todos olvidamos y con este discurso que ya está en post de salir de Altamira y sin pretender descubrir el agua tibia pasamos el tiempo contradiciéndonos. Siempre veo con desazón que todos estos discursos no proponen sino un tirón en un par de orejas, que en el fondo hay la misma crítica con otras palabras, el mismo discurso adaptado de otros, pero sino empezamos con algo ya no podremos poner esto en consideración. La gran preocupación estará en el formato comunicativo, Es una decisión si entramos o no a la academia pero si entramos hay que fortalecer lo que inconscientemente ya sabemos que es nuestra labor, a darnos el encuentro con nuestro pensamiento formado o informado, a romper con paradigmas y miedo de expresar nuestro mundo, nuestro interior, sin ombligos. A tomar una decisión certera entre hacer y no hacer. ¡HACER! ¿Cómo respondemos ante un cuestionamiento tan severo de W.O donde nos pregunta por el “¿Cómo superar una época en que la educación corre el riesgo de ser solo un negocio, donde la excelencia de la educación está concebida para perpetuar la desigualdad, donde la formación tiene un fin puramente laboral y además no lo cumple, donde los que estudian no necesariamente  terminan siendo los más capaces de sobrevivir ¿Cómo convertir la educación en un camino hacia la plenitud de los individuos y las comunidades?, la respuesta pretenciosa es: el dolor, como el de Janardhan Jhakar en su viaje a Praga construido por Imtias Ali basada en filosofías griegas, que solo tomamos conciencia de ello a través del dolor. En estos afanes de aprender por aprender, buscamos la técnica y sentimos que si no nos la entregan no nos están enseñando, pero es que hay muchas cosas que no se enseñan. Esperar a que la basura de Gramacho nos llegue hasta el cuello en el caso de Brasil y así tomar conciencia. A creer que el mercado regula los precios y a mayor oferta de universidades mayor descuento, porque el cemento sigue primando antes que la investigación. Que el apoyo a los excluidos de la universidad; con movimientos de los llamados “indignados”; buscan comprender los cambios que se deben generar y creer en el apoyo de los pensadores universitarios como transformadores del mundo y no como prolongadores del consumo. Según el cuento, para quitar una gran montaña de problemas con una cucharita se empieza, ¿pero alguien tiene que empezar? ¿Quién? ¡Nosotros! sin pretender dejar una semilla  solo con la convicción firme de iniciar un proceso de cambio adentro que refleje luz en la familia, en esta familia Grancolombiana.

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